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Historia

Esteban Laureano Maradona (1895-1995) “El médico rural”

María Victoria Lipera, Pablo Young

Revista Fronteras en Medicina 2014;(01):0026-0032 


Esteban Laureano Maradona fue un médico rural de la Argentina. Nació el 4 de Julio de 1895 en la ciudad de Santa Fe y creció jugando en un campo junto a sus hermanos, estudió Medicina en Buenos Aires, y realizó el ejercicio de su profesión lejos de las grandes ciudades, principalmente en un pequeño pueblo de Formosa: Estanislao del Campo. Allí paso la mayor parte de su vida, todo lo que hizo fue por los indios que habitaban aquel pueblo, los educó, curó y acompañó. Un hombre humilde, sencillo que vivió siempre para los demás. Amante de la flora y la fauna, y gran escritor. Con tristeza y melancolía regresó a los 90 años a su ciudad natal donde paso sus últimos 10 años de vida, los cuales dedicó a escribir. En su honor, el 4 de julio, se celebra el día del médico rural.

Esteban Laureano Maradona was a country doctor in Argentina. He was born on July 4, 1895 in the city of Santa Fe and grew up playing in the countryside with his brothers. He studied medicine in Buenos Aires, and performed the exercise of his profession away from the big cities, especially in a small town of Formosa : Estanislao del Campo. he spent there most of his life, and everything he did was for the Indians who inhabited this village, educating them, curing them and becoming part of their community. He was a humble, simple man who always lived for others; a lover of the flora and fauna, and a great writer. It was with sadness and melancholy that he returned at age 90 to his hometown where he spent his last 10 years writing. It is in his honor, that today the day of the rural doctor is celebrated, on July the 4th.




Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información Hospital Británico de Buenos Aires. Para solicitudes de reimpresión a Revista Fronteras en Medicina hacer click aquí.

Recibido | Aceptado | Publicado 2014-03-31

Figura 1. El Dr. en la estación de tren de Estanislao del Campo.

Figura 2. El Dr. haciendo anotaciones en la entrada de su casa situada en Estanislao del Campo.

Figura 3. El Dr. acompañado de integrantes de la colonia “Juan Bautista Alberdi”.

Introducción

Cuando alguien nombra el apellido Maradona, se nos viene a la mente la imagen del jugador de fútbol, Diego Armando Maradona, olvidándonos de un médico que también lleva ese apellido y es digno de tal reconocimiento. El objetivo de este trabajo es dar a conocer la vida y obra del Dr. Esteban Laureano Maradona, un médico rural que lo dejo todo con tal de cumplir con lo que en su momento había jurado: el juramento Hipocrático.

La medicina es una vocación con la que se nace, siendo la vida del Dr. Maradona un ejemplo a seguir para todos nosotros.

Sus orígenes

Don Francisco Fernández de Maradona, fue el primer Maradona en llegar a la Argentina en la primera mitad del Siglo XVIII y se estableció en San Juan de la Frontera. En 1748, contrajo matrimonio con Francisca Arias de Molina y Jufré, descendiente de dos familias prestigiosas de San Juan. De esta unión, nacieron diez hijos destacándose entre ellos: José Ignacio, Francisco Plácido y José Clemente.

Tuvieron todos ellos un importante y activo papel en la vida política de San Juan. José Ignacio Maradona formó parte de la Junta Grande de 1810 como representante de su provincia y luego en 1820 fue electo gobernador de la misma. Se casó con Paula Echegaray Cano y tuvieron varios hijos destacándose entre ellos Timoteo Maradona, quien también forma parte de la historia política de la provincia de San Juan. Por su parte, Plácido Fernández Maradona participó en el proceso de desarrollo de las potencialidades económicas de la región: la industria vitivinícola.

Waldino Baldomero Maradona fue el padre del Dr. Esteban Laureano Maradona. Hijo de Francisco Melitón Maradona y de Petrona Garramuño, mamó desde la cuna los principios que gobernarían su vida de luchador por la libertad, el honor y la justicia. A los 17 años dejó sus tierras para instalarse en Santa Fe, donde se casó con María Encarnación Villalba y tuvo 14 hijos. El Dr. Maradona viene a ser descendiente directo de don Plácido Fernández Maradona, tu tatarabuelo, ya que el hijo de éste, José Manuel Maradona, casado con Rita Aberastain, son los padres de Melitón Maradona.

“La conducta moral y cívica de los Maradona nos recuerda inevitablemente a la de los patricios romanos, que hicieron de la virtud, la razón suprema de sus vidas”1.

Su infancia y juventud

Esteban Laureano Maradona, nació en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe, el 4 de Julio de 1895. Pasó los primeros años de su vida, en una estancia que su padre había elegido para criarlo a él y a sus hermanos. La misma tenía por nombre “Los Aromitos” y se encontraba situada cerca de la localidad de Barrancas a orillas del río Coronda. Vivían aislados de todo centro poblado, su familia era muy religiosa, y allí se les enseñó a leer y escribir.

Al referirse a su infancia, en varias oportunidades Maradona dice:

Mi madre, María Encarnación Villalba, tuvo que armarse de coraje para tenerme quieto en nuestra estancia (…) donde me crie. Era medio desobediente y a veces prefería quedarme pintando debajo de un ombú antes que ir a leer libros (…) Fui mal estudiante, desordenado, de chico renegaba, desobedecía (…) pero como era el más arruinado de todos, mi madre me quería un poquito más que a los demás1.

Esta etapa de su vida, en la cual pasaba largas horas paseando y jugando por el campo, lo marcaron de por vida. Puesto que aún a los 80 años recuerda sus días en aquella estancia junto a sus hermanos, con melancolía y alegría, refiriéndose a ellos como uno de los recuerdos más agradables de su vida.

Siendo aún pequeño, su padre decidió trasladarse a la ciudad de Buenos Aires con el objetivo de dirigir el periódico “Territorio del Sur”. En un principio se establecieron en el barrio de Flores en una casita muy pequeña donde todos comenzaron a enfermarse porque vivían muy apretados. Luego se mudaron a Merlo, a una casa más grande.

Completó sus estudios primarios y secundarios en Buenos Aires. En 1911, con apenas 16 años de edad se inició en la militancia política como afiliado al partido unitario. Por esos años presidio el comité de la juventud de la seccional 19 de la capital federal, desempeñándose luego como consejero del comité nacional. Escribió sobre temas vinculados a la problemática social del país como así también referidos a la historia nacional.

La universidad

Un tanto por vocación y otro por la presión social de aquellos tiempos, Maradona ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Siempre quiso ser médico, “consideraba que era el camino más adecuado para canalizar su vocación de servicio a favor del postergado y el necesitado”.1 Se graduó con el título de Doctor en Medicina en el año 1930, luego de realizar la residencia en prestigiosos hospitales de la capital. Fueron varios los profesores que intentaron retenerlo en Buenos Aires y en sus respectivas áreas de la Medicina, pues eran conscientes del potencial de Maradona. Dentro de estos se destacan: el Dr. José Arce, Profesor de Clínica Quirúrgica; el Dr. Maximiliano Aberastury, Profesor de Dermatología; el Dr. Mamerto Acuña, Profesor de Pediatría; el Dr. Salvador Molinari, Profesor de Ginecología; el Dr. Eliseo Segura, Otorrinolaringólogo; el Dr. Bernardo Houssay, quien fuera premio Nobel; y el Dr. Pedro Lanari, Profesor de Dermatología.

Durante su estadía en Buenos Aires fue estimulado por su profesor de Dermatología, Maximiliano Aberastury a realizar una campaña contra la lepra y así lo hizo divulgando información acerca de esa enfermedad por todo Buenos Aires y el litoral argentino. Durante esta campaña tuvo la oportunidad de conocer la cruda realidad social de la Argentina interior, y apreciar la increíble marginalidad y olvido en que vivían algunos argentinos. Así fue que Maradona se rebeló ante situación tan injusta y surgió en él la voluntad de ayudar a sus hermanos más necesitados. Con respecto a la lepra, ofreció varias conferencias tanto en la localidad de Maciel, como también en las ciudades de Santa Fe, Esperanza, Barrancas, Arocena, Paraná y Concordia.

Habiendo recibido su título, Maradona abandona Buenos Aires, no se sabe bien la razón, se cree que son más bien varias, como el rechazo a la hipocresía de la gran ciudad, o su gran afán por ayudar a quienes más lo necesitaban, o, porque no, su amor por la naturaleza y los verdes campos del interior del país. Fue así como se alejó de los centros urbanos y decidió instalarse en la ciudad de Resistencia, capital del entonces Territorio Nacional del Chaco.

Aun con 97 años a cuestas, al referirse a este momento de su vida, recuerda como varios profesores intentaron retenerlo en Buenos Aires en distintas oportunidades, “pero yo rechacé todo y me fui al monte (…). A mí no me interesa la fama, el dinero, los honores y la falta de solidaridad que se vive en las grandes ciudades”.2

Su corta estadía en el Chaco

En el año 1930 abre su primer consultorio en la calle Paraguay N° 38 y luego en Santa María de Oro N° 525 de la ciudad de Resistencia. Esto pudo realizarlo gracias a la ayuda brindada por su madre.

Durante su estadía en el Chaco comenzó a escribir artículos para la prensa local, sobre cuestiones relacionadas con la medicina y otros temas de interés general. Publicó varios artículos en el diario “La voz del Chaco” entre los que se destaca uno referido a su visita a una escuela rural donde habla del espíritu de vida y las ansias de aprender de los niños que allí acudían; y en otras ocasiones habló de las condiciones laborales de los obreros, de política y de la docencia.

No fue mucho el tiempo que estuvo en Resistencia, tan solo 2 años, puesto que en una oportunidad al exponer sus ideas políticas partidarias de un sistema centralizado y unitario, en contraposición con las tendencias de la época, fue repudiado, criticado y recibió protestas de quienes pensaban distinto, que eran mayoría. Y así fue como decidió emigrar al Paraguay: “Huyendo de policías y pumas, durante una noche permanecí trepado a un árbol. Me acompañaba un poco de dinero, un arma y una valijita con mi título de médico (…) llegue a Corrientes y de allí, pase a Paraguay”.3

Su paso por La Guerra del Paraguay

En el año 1932 llegó al Paraguay, que por entonces atravesaba una guerra con la república de Bolivia. Ni bien llegó a Asunción, ofreció sus servicios profesionales a la Sanidad del Paraguay, donde atendió y curo las heridas de soldados que caían en los campos de batalla, sin importar que fueran bolivianos o paraguayos. Luego, en 1933, fue incorporado a la Marina de la Guerra del Paraguay como médico interno del Hospital Naval con el grado de Tte. 1° de Sandad “HC” y unos días después fue nombrado Director del Hospital Naval.

Vivió los horrores de la guerra, asistiendo a los heridos en combate y a medida que la guerra crecía en intensidad, mayor fue la entrega hipocrática del médico argentino: “No paré de trabajar. A medida que la guerra sumaba víctimas y destrozos, fue creciendo mi devoción por salvar a tantos hombres que luchaban en ella”.3

En medio de la guerra, encontró paz en el amor de una mujer, que a su vez le dio fuerzas para seguir adelante: Aurora Evaly, una bella y tímida joven de veinte años. Pero no duró mucho su romance puesto que el 31 de diciembre de 1934 a medianoche, ella murió sin que él pudiera despedirla. Mucho fue el dolor que le causo, y desde entonces lo único que lo mantuvo en Paraguay fue la guerra que no hacía más que arrasar con la vida de miles y miles de personas.

En 1935, una vez finalizada la guerra, fue nombrado Jefe del Hospital Naval del Paraguay, pero declinó los honores y volvió a Argentina donde donó todos sus ahorros para construir la Colonia de leprosos de la Isla del Cerrito.

El viaje en tren y una parada inesperada

Una vez en la Argentina, estuvo recorriendo gran parte del Pilcomayo y del Bermejo, los montes del Chaco y Formosa, hasta luego decidir dirigirse hacia el norte del país a las provincias de Salta y Jujuy y así conocer sus tierras, y luego pasar por Tucumán para visitar a su hermano Juan Carlos, que era intendente de la ciudad. Para esto, se tomaría el tren que unía las ciudades de Formosa con la localidad de Embarcación, en la provincia de Salta. Esta, era la única forma de realizar ese viaje al noroeste del país. El mismo, se detenía una vez por semana en Estanislao del Campo, un pequeño pueblo en la provincia de Formosa, en el cual se debía transbordar el tren, lo cual tardaba unas 2 a 3 horas. Lo que Maradona jamás imaginó, es que este viaje en tren sería el fin de una etapa de su vida y el comienzo de una nueva en la cual se destacaría por su bondad, sencillez, humildad y servicio hacia los más necesitados. Así describe Maradona el hecho que le cambió su vida:

“Descendí para estirar las piernas. Un grupo de personas preguntaba a voz en cuello si algún pasajero se animaba a asistir a una parturienta en estado de gravedad… tome mi maletín. Subí a un sulky… el parto fue difícil, la parturienta en verdad estaba grave, se llamaba Mercedes Almirón y a mano saqué esa criatura, una nena … si sigo viaje, se muere. Tenía eclampsia y sufría violentas convulsiones. La trate. Finalmente la hemorragia se detuvo. Me decidí a no dejarla morir y la salve… cuando enfilé a la boletería para sacar pasaje para el día siguiente una verdadera multitud zaparrastrosa clamaba por ser atendida… en fin amigo, mi historia es simple: me arremangué, empecé a atender, y me quede con ellos durante cuarenta y cinco años” (Figura 1).3

Por esto es que hoy en día muchos lo conocen como El hombre que perdió el tren.

Establecido en Estanislao del Campo, atendió a los ferroviarios de la línea Embarcación-Formosa, y debió intervenir en casos policiales efectuando los peritajes pertinentes. También participó de iniciativas comunitarias, ya sea consiguiendo aguas de los tanques del ferrocarril para la población en épocas de sequía, sumando su concurso para la creación de una escuela para los niños del pueblo, así como en la instalación del correo. En cuanto a su labor médica, curaba enfermos y heridos ya sea en su domicilio particular, en la Sala de Primeros Auxilios, o donde fuera necesaria su presencia. No tenía un arancel fijo, en general los pacientes abonaban lo que podían. Pero a los que nunca les cobro fue a los aborígenes de la colonia “Juan Bautista Alberdi”.

“El, que era hijo de un estanciero, médico de profesión , y podría haber vivido como mimado de la suerte en medio de las comodidades de una gran ciudad, prefirió –sin embargo- las privaciones de una zona agreste para el mejor servicio a favor del prójimo”.3

Vivía solo en una modesta casita que adquirió en 1939 en quinientos pesos. Tenía una sola habitación (que hacía de alcoba, gabinete de estudio y consultorio), una galería y una pequeña cocina, todo de pared y piso de ladrillo y techo de zinc. Al retrete y al aljibe, que estaban en el patio, los compartía con una familia vecina. Tampoco contaba con luz eléctrica.

No quiso ser un ermitaño, y siempre que pudo se unió con entusiasmo a las iniciativas comunitarias. Criado en el campo santafesino, sus platos favoritos seguían siendo el asado criollo, la sopa y la mazamorra. Le agradaba el mate cocido que él mismo preparaba al estilo criollo. Andaba por las calles luciendo siempre el mismo atuendo: un traje oscuro, camisa blanca, el infaltable moño de cinta negra y el sombrero también negro. Con el tiempo paso a ser una figura emblemática del pueblo, querido y respetado por sus vecinos. Siempre se ocupó de atender a quienes requerían sus servicios. Exploró los montes a donde acudía largas horas del día y de donde regresaba con los bolsillos llenos de papelitos con dibujos y anotaciones, para luego pasar largas horas escribiendo (Figura 2).

En cuanto a su vida interior y religión, poco se sabe pero se dice que practicaba una religión amplia, respetuosa de las creencias de los demás, sin dogmatismos ni intolerancias que premian a unos y castigan a otros. Parte de una concepción: todos somos hijos de Dios, por tanto somos hermanos, sea cual sea nuestra religión y por eso tenemos la obligación de ayudarnos los unos a los otros, de construir una sociedad más justa y solidaria. Esto se ve reflejado en el obrar del Dr. Maradona, quien se mostró totalmente coherente al actuar conforme a lo que pensaba, puesto que siempre obró en busca del bien del prójimo.

Su labor con los aborígenes

Si hubo algo que preocupó al Dr. Maradona fueron las condiciones de vida de los indígenas de la región, y fue por esto que gran parte de su labor humanitaria y médica fue destinada hacia ellos, a mejorar su calidad de vida, educarlos, alimentarlos, sanarlos y por sobre todo, acompañarlos. Se dirigió hacia ellos con el respeto que se merecían puesto que veía en ellos a la persona humana, a su hermano y así pronto lograría que se dejara de lado la marginación extrema en que se hallaban. Mucho le costó ser aceptado por los indios, puesto que Maradona era un hombre de tez blanca, en quien ellos veían a otro explotador más, pero sin importar que muchas veces lo llamaran diablo, se escondieran de él y en algunos casos lo quisieran matar, siguió yendo a ayudarles y a tratarles sus enfermedades, entre las cuales se encontraban la sífilis, tuberculosis y viruela. Incluso aprendió su idioma para poder comunicarse con ellos y poco a poco acercarse más. Fue así que se gano su respeto, su confianza y que comenzaron a llamarlo “piognac”, que en su idioma quería decir Doctor Dios, el padre de todos.

Una vez aceptado, quiso darles un lugar en el mundo, integrarlos a la sociedad y fue así que promovió la “comisión Pro-ayuda al Indígena” presidida por él mismo. De esta forma logró obtener recursos económicos, la adjudicación de tierras fiscales y con el tiempo, también el compromiso solidario de la comunidad. Fundó asimismo la colonia indigenista “Juan Bautista Alberdi” en el año 1948. La misma era dirigida por él y por el pastor Juan Dring, quien había realizado ya una importante labor evangélica con los indígenas (Figura 3).

En esta colonia promovió el trabajo de los mayores, y la educación de los menores y de aquellos mayores que también lo desearan, puesto que consideraba el trabajo y la educación 2 postulados básicos para el Desarrollo Social. Se les enseñó a cultivar algodón, cocer ladrillos y construir casitas. Se construyó una escuela, un templo, y se les inculcaron valores fundamentales para la vida diaria. Todo esto, lo logró con el apoyo de la comunidad y también con ayuda que llegaba desde otros sitios del país como Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Mar del Plata, Barrancas. Cualquier donación era bien recibida: ropas, calzados, alimentos, útiles escolares.

Esto supuso un gran esfuerzo para el Dr. Maradona, y lo fue desgastando, pero todo lo hizo para elevar a los indígenas en su condición social, con un sentido de vocación humana y cristiana, impulsado solamente por su fuerza interior. Siempre obro de puro gusto, y lo que lo hacía feliz era el cariño que le brindaban aquellos a quien el solía llamar “mis indios”. Jamás recibió remuneración alguna por los servicios prestados a los indios, lo que pone de manifiesto una vez más, su desinterés por los bienes materiales, y su deseo de colaborar y ayudar a quienes más lo necesitaban, a pesar de que pudo haber tenido una cómoda vida ciudadana, gracias a sus estudios y a la clase social a la que pertenecía.

Precarias eran las condiciones en las cuales se veía obligado a trabajar. No contaba con camillas, ni tampoco con instrumentos quirúrgicos, pero esto no fue una barrera para que realizara aquello para lo cual se había preparado. Él solo regaba la tierra para que no hubiese polvo, ponía una manta sobre la misma, y allí recostaba al paciente y realizaba la intervención que fuese necesaria: sacar balas, curar gangrena y hacer de todo4.

Sus obras

Los que leyeron la historia de su vida, saben que era una persona apasionada, amante de la naturaleza, de la flora, la fauna, y que a pesar de vivir en un pueblito alejado de la civilización, jamás dejo de estar al día con el conocimiento de los distintos acontecimientos de aquellos tiempos, incluso de los avances científicos.

A lo largo de su vida fueron muchas las obras que escribió, pero solo algunas de ellas fueron publicadas. Entre estas últimas se encuentran: “A través de la selva” (1936), “Recuerdos campesinos” (1955), “Una planta providencial” (1947), “Divulgación de la fauna autóctona de Formosa” (1979), “Animales cuadrúpedos americanos” (1938). Y entre las obras inéditas se encuentran: “Dendrología” (apuntes),“La ciudad muerta” (Nuestra Sra. de la Concepción del Río Bermejo), “El problema de la lepra” (Argentina y Paraguay), “Historia de la ganadería argentina” (yeguarizos, vacunos, caprinos, ovinos, porcinos), “Vocabulario toba-pilagá” (contiene más de 3000 palabras traducidas al español).

Premios y distinciones

A pesar de haber vivido austeramente y en un pueblo alejado de todos los centros urbanos, su labor fue ampliamente reconocida durante su época por distintas instituciones, la municipalidad de Formosa, universidades y asociaciones, tanto a nivel nacional como internacional.

En 1973, la Asociación Cooperadora de la Escuela Frontera N° 6 “José Hernández” de Laguna Blanca, provincia de Formosa, le otorgó el galardón consistente en una “Palma de Oro” como estímulo por sus trabajos sobre las ciencias naturales.

Durante el mismo año la Federación médica de Formosa lo distingue con una medalla de oro y un diploma de honor por la labor cumplida en un medio adverso.

El 23 de agosto de 1977, recibe de la “Sociedad Argentina de Médicos Escritores”, el título de “Miembro Titular Honorario” otorgado por unanimidad de sus miembros.

Uno de los galardones que tuvo mayor resonancia fue sin duda el de “Médico Rural 1980”, conferido por la Asociación Médica Argentina y la revista Iberoamericana de Infectopatología. En principio el Dr. Maradona debía trasladarse a la ciudad de Buenos Aires para recibir el premio pero su estado de salud y su poco interés por estas manifestaciones lo indujo a renunciar dicha distinción para que este sea otorgado a otro colega. Pero así y todo la Junta del Jurado optó por trasladarse para entregarle el premio al “Médico Rural ‘80” , el cual consistía en una medalla de oro, un pergamino, y un valor de 10 millones de pesos, más un hermoso libro de la Casa Ciba. “Ese valor lo adjudiqué a la Federación Médica de Formosa, esa misma noche, para instrumentar la alta cultura de la ciencia, cualesquiera fuere el sector, ante el gobernador y su equipo de gobierno…”4

El 10 de noviembre de 1980 fue distinguido por los “ferroviarios de Laguna Paiva”, en la Fiesta Nacional del Ferroviario, con un premio consistente en un diploma y una estatuilla de bronce que representa a un obrero.

Recibió un `Diploma de Honor Internacional Estrella de la Medicina para la Paz 1987´. Premio otorgado por el Parlamento Mundial para la Paz y la Seguridad perteneciente a la Organización de las Naciones Unidas.

Sus últimos años de vida y su regreso a Rosario

Los años fueron pasando, y Maradona se enamoraba más de aquellas tierras hermosas, en las cuales había pasado largas tardes recorriéndolas, conociéndolas, disfrutándolas y guardándolas en su memoria. Lo mismo le ocurrió con sus habitantes, muchísimos eran los amigos que tenía, y también el cariño que le guardaban todos allí en Estanislao del Campo, desde los más pequeños hasta los más grandes, pero especialmente sus indiecitos, a quienes siempre había cuidado con cariño y compasión. Así fue como Maradona envejeció en su querido pueblo y poco a poco fue teniendo una vida más sedentaria, sus visitas al monte se fueron haciendo más esporádicas, ya no visitaba con tanta frecuencia a sus amigos y no tenía la misma agilidad para caminar y realizar actividades a las que se había dedicado toda su vida. Pasados ya 50 años desde su llegada allí, su ausencia comenzó a notarse por las calles del pueblo.

Llegado el otoño de 1986, Maradona cayó enfermo, y por primera vez pensó en irse del pueblo en busca de su salud. Fue así como decidió recoger sus pertenencias y comunicarle su decisión a su amigo Napoleón Carbajal, el “Negro”, y, al día siguiente, bien temprano partió hacia la capital de Formosa para luego dirigirse desde allí a Rosario.

Así, en silencio, con la modestia con que había llegado a fines del año 1935, se alejaba de aquel lugar que la casualidad o la providencia le habían asignado para que llevase a cabo una obra profundamente humana y cristiana5.

Una vez en la capital, se encontró con que sus sobrinos estaban esperándolo allí con una ambulancia para trasladarlo hacia su querida Rosario. Alegría y emoción sentía al reencontrarse con sus familiares y al volver a su tierra. 90 años tenía Maradona cuando llegó luego de más de medio siglo a Santa fe. Allí se le realizaron muchísimos estudios médicos pero resulto ser que no se encontraba enfermo, sino que su estado se debía a un deterioro de su organismo, consecuencia de la vida que había llevado, a lo que había que sumar su ancianidad. Luego de pasar unos días internado en el Hospital Provincial, fue acogido en la casa de su sobrino José Ignacio Maradona, donde fue cuidado con mucho cariño, gracias al cual vivió 10 años más. Durante esos años, realizó visitas al campo de los Maradona en Barrancas, volviendo así al lugar de su niñez donde habían acontecido algunos de los momentos más felices de su vida, que siempre recordaba con emoción.

A pesar de sus años, siguió leyendo y escribiendo, puesto que creía que siempre quedaba algo más por aprender. En aquellos momentos de soledad y melancolía recurría a la poesía. Fue entonces cuando, habiendo abandonado la selva y encontrándose en la ciudad, escribió poemas, siendo uno de estos el relato de su propia vida.

Jamás pensé en la poesía

pero al declinar mi vida,

en mi tristeza aberrante

se despierta el alma mía.

La tristeza en este mundo

es fuente de inspiración

es destello, luz interior

que acompaña la emoción.

Vuelvo con las manos vacías

todo lo he dado…

Luz de las estrellas,

para iluminar mi camino.

Mi corazón humilde,

se lo ofrecí al destino.

Regreso pobre de amor,

de ensueños y de esperanzas.

Una carga de lágrimas,

solo he traído.

Un dolor puro y santo

como un niño dormido5.

Durante su estadía en la casa de su sobrino, continuo también con su actividad social, recibiendo visitas de toda índole, desde figuras del mundo periodístico y de la televisión hasta alumnos de todos los niveles, científicos, funcionarios y amigos personales. A todos los recibía con fina atención y cortesía, sin hacer distinción alguna cuando llegaba a su hogar una figura destacada a nivel nacional.

Varios fueron los reconocimientos que continuó recibiendo, y a pesar de su vejez y desganes se traslado a la ciudad de Buenos Aires y de Esperanza para recibir los mismos. Para el año 1993 fue postulado para recibir el Premio Nobel de la Paz y en una entrevista que se le realizó manifestó su desinterés por recibir el premio: “para ser honesto, no quiero recibir el Nobel. Y si me obligaran, donaría todo el dinero para la niñez. Porque una vez que yo parta, no quiero que quede un solo chico sin saber leer, escribir y sin atención médica. Ellos son los verdaderos dueños del país”5.

Los años pasaron pero su sencillez, humildad y alegría que siempre lo habían destacado permanecían intactas. Y a pesar de su fuerza espiritual y optimismo de vida, ésta se le iba escapando por los efectos del tiempo, su físico detonaba un deterioro progresivo. En el año 1994 sufrió una neumonía por la que debió ser internado, pero al encontrarse en desacuerdo con el tratamiento que se le proponía, decidió retirarse a su hogar y aplicarse su propia medicación gracias a la cual logró mejorar un poco su estado de salud. Pero en enero de 1995 recayó y la mañana del 14 de enero de 1995, falleció.

Su legado

Pasados años de su muerte, sus indios, en su querida tierra de Formosa, aun lo recuerdan con mucho cariño, refiriéndose a él como un buen médico ante la llegada del cual los chicos y grandes que se encontraban enfermos se curaban. Refieren extrañarlo, y hablan de él con respeto. Esto no hace más que demostrar que cumplió con aquello que quería, una vida mejor para los indios de aquel pueblo de Formosa, puesto que aun continúan aprendiendo a leer y escribir. Todo esto gracias a la labor de muchas personas que conocen la historia del Dr. Maradona y desean continuar con su misión.

Por otro lado, nos dejó otra enseñanza: darle albergue a todos aquellos que lo necesitan, puesto que todos somos humanos y por lo tanto tenemos los mismos derechos. Así es como hoy funciona en las calles Córdoba y Olleros de la provincia de Buenos Aires el “Hogar Dr. Esteban Maradona”. Este abre sus puertas a todas las familias del norte porteño que necesitan un lugar donde quedarse mientras alguno de sus miembros recibe tratamiento médico en algún centro porteño. En estos días, la casa aloja a unas 700 personas del Norte del país. El hogar pareciera emular la austeridad con la que vivía el doctor Maradona ya que cada familia se acomoda como puede en los cuartos, dándole prioridad a la comodidad de los chicos.

A su vez siempre mostró que la verdadera riqueza está en el interior y que no proviene de los bienes que uno posea, sino más bien de las huellas que uno deja al pasar por distintos lugares: uno es más rico cuanto más da a los demás.

Fue por toda su labor, que se lo reconoció en tantas oportunidades, y que fue y es hasta estos días protagonista de noticias en los diarios de la Argentina, y también de documentales. Incluso se escribió una canción “El viaje de Maradona” por Daniel Altamirano. Y, fue el año pasado, que se estrenó una película que narra su vida: “Esteban Laureano Maradona, el doctor de la selva”. En su honor, hoy en día se celebra el 4 de Julio, el día del médico rural. Maradona nos dejó un legado de humanidad: cuidar del otro, vivir por el otro.

A modo de cierre, el Dr. Maradona, el hombre que perdió el tren, el Dr. Dios; tales fueron los nombres con los cuales se lo denominó a este sencillo médico rural que dejó su vida en los demás. No importa el nombre por el cual se lo llame, lo que es claro es que nos deja a los médicos de hoy un camino a recorrer: el servicio a los demás, sin importar cuán humildes sean.

Abstract

Esteban Laureano Maradona was a country doctor in Argentina. He was born on July 4, 1895 in the city of Santa Fe and grew up playing in the countryside with his brothers. He studied medicine in Buenos Aires, and performed the exercise of his profession away from the big cities, especially in a small town of Formosa : Estanislao del Campo. he spent there most of his life, and everything he did was for the Indians who inhabited this village, educating them, curing them and becoming part of their community. He was a humble, simple man who always lived for others; a lover of the flora and fauna, and a great writer. It was with sadness and melancholy that he returned at age 90 to his hometown where he spent his last 10 years writing. It is in his honor, that today the day of the rural doctor is celebrated, on July the 4th.

  1. OLIVERA, Justo Lindor. Doctor Maradona, Buenos Aires, Corregidor, 2009.

  2. http://www.lanacion.com.ar/1306470-un-hogar-que-acoge-a-familias-aborigenes

  3. http://www.lanacion.com.ar/210651-retrato-de-un-heroe-secreto

  4. http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2010/07/22/opinion/OPIN-05.html

  5. http://tn.com.ar/sociedad/el-dr-maradona-homenaje-al-medico-rural_006530

  6. http://colegiomaradona.edu.ar/cole/

  7. http://poesiaycantodeargentina.blogspot.com.ar/2008/09/el-viaje-de-maradona.html

Autores

María Victoria Lipera
Alumno de Medicina de la Pontificia Universidad Católica.
Pablo Young
Servicio Clínica Médica, Hospital Británico de Buenos Aires, Argentina y Profesor Titular de Historia de la Medicina de la Pontificia Universidad Católica Argentina..

Autor correspondencia

Pablo Young
Servicio Clínica Médica, Hospital Británico de Buenos Aires, Argentina y Profesor Titular de Historia de la Medicina de la Pontificia Universidad Católica Argentina..

Correo electrónico: pabloyoung2003@yahoo.com.ar

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Titulo
Esteban Laureano Maradona (1895-1995) “El médico rural”

Autores
María Victoria Lipera, Pablo Young

Publicación
Revista Fronteras en Medicina

Editor
Hospital Británico de Buenos Aires

Fecha de publicación
2014-03-31

Registro de propiedad intelectual
© Hospital Británico de Buenos Aires

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