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Editorial

Acerca de las publicaciones

Pablo Young

Revista Fronteras en Medicina 2013;(04):0127-0130 


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Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información Hospital Británico de Buenos Aires. Para solicitudes de reimpresión a Revista Fronteras en Medicina hacer click aquí.

Recibido | Aceptado | Publicado 2013-12-31

Publicaciones o papers

Las publicaciones o papers son la forma de comunicar la ciencia, de poner en común el conocimiento, pero no están exentos de historias humanas, de modas, de celos y de contradicciones.1 Como dice el sociólogo francés Bruno Latour, los papers son piezas retóricas de una enorme utilidad puesto que, para él, la vida científica tiene mucho de estrategia política. Por ello, a partir de los papers se realizan dos pasajes fundamentales: por un lado, se pasa de la “ciencia mientras se hace” a la “ciencia hecha”; por otro lado, se pasa del “enunciador individual” al “juego de los aliados”.1 Aprender a hacer ciencia es, también, aprender a comunicarla: los datos son los datos; pero explicarlos de una manera clara y seductora es todo un arte.

Publicar o perecer

Publica o perece (publish or perish) reza uno de los lemas de la investigación;2 y se refiere a la necesidad de publicar permanentemente artículos con el fin de obtener subsidios para la investigación o simplemente prestigio científico. Ahora, a partir de que varias revistas internacionales demostraron un incremento del número promedio de autores por artículo, este concepto evolucionó al de “publicar juntos o perecer”, lo que de alguna manera implicaría un grado mayor de colaboración entre los investigadores dada la complejidad creciente de la investigación científica contemporánea, particularmente en la investigación clínica, donde se incorporaron los estudios multicéntricos.3,4

¿Por qué publicar?

¿Por qué los científicos publican papers? Algunas de las respuestas serían: a) publicamos papers porque es el modo de dar a conocer el resultado de nuestros trabajos, de nuestras investigaciones al resto de la comunidad científica; b) porque así damos a conocer nuestros avances en el conocimiento sobre los problemas que investigamos, de modo que otros investigadores, en cualquier parte del mundo, puedan utilizar nuestros hallazgos para seguir avanzando en la resolución de problemas para la humanidad; c) porque allí hacemos públicos los descubrimientos que realizamos en nuestros laboratorios a pesar de que existe una vieja y aún no saldada discusión acerca de si la ciencia realiza “descubrimientos”, es decir, si descubre aquello que el mundo físico y natural nos “oculta”, o si bien “produce” conocimientos, es decir, crea entidades y conceptos; d) porque estamos sometidos a un sistema según el cual las instituciones nos evalúan de acuerdo con lo que publicamos, de modo que no tenemos más remedio que publicar la mayor cantidad posible, para ser mejor evaluados y tener más prestigio; e) publicamos para no perecer; f) publicamos para dar a conocer nuestros trabajos antes que lo hagan otros, porque no sólo hay que publicar, sino que además hay que llegar primero; g) publicamos para ganar prestigio, porque quienes más publican son más conocidos y valorados y, gracias a eso, accedemos a mejores recursos, con los cuales compramos mejores equipos y, con ellos hacemos más experimentos que nos permitirán publicar más papers y, posteriormente, obtener mejores puestos.

¿Publicar lo que investigo o investigar para publicar?

Algunos laboratorios y/o servicios de hospitales se fueron convirtiendo, a juicio del autor, en verdaderas “fábricas de papers”, en donde la posibilidad de publicación no está “al final del largo, sinuoso y creativo proceso de investigación”, sino que muchas veces está al comienzo del camino: a menudo se investiga solo aquello que se podrá publicar, lo cual obviamente no está bien, e incluso los plazos y la organización del trabajo se articulan alrededor de ese eje.

¿Qué oculta un paper?

Podríamos decir que el paper no es el conocimiento ni la ciencia, es una manera de codificar el conocimiento, pero a veces un paper oculta muchas más cosas de las que muestra. Veamos alguna de ellas: a) un paper muestra el éxito y esconde el fracaso; en efecto, cuando se redacta un artículo, ningún científico con pretensiones de que se lo publiquen describe todos los procesos que tiene que desarrollar hasta llegar a la revista, muchos conocimientos surgen de ensayos fallidos o fracasados que muestran no cómo las cosas son, sino, precisamente, como “no son”; b) también oculta lo que Michael Polanyi denominó “conocimiento tácito”, es decir, una multitud de aspectos que tienen que ver con la práctica de la investigación científica y que no son codificables, tales como la destreza del experimentador, los diferentes lugares donde este fue producido, los procesos de aprendizaje necesarios para poner en marcha las experiencias, etc;1 c) también oculta el papel que los autores desempeñan en la génesis del experimento y del paper, tema que retomaremos más adelante; y d) finalmente, un paper oculta, también, el ya señalado interés (o necesidad) del autor (o de los autores) por legitimarse, por contar en su currículum con una publicación más que pueda hacer valer ante sus pares y ante los algunos burócratas que habrán de evaluarlo.

La autoría de las publicaciones

El nombre de los autores que figura en cada trabajo debería reflejar su participación en él, y el orden en que aparecen, el peso de su contribución. Sin embargo, esta relación no siempre se ajusta a la realidad. Se considera que el mayor mérito es atribuible tanto al primer autor por ser el que más trabajó el tema, como al último, aquel que en general corresponde al director de la investigación.5,6

La contribución de cada integrante es dispar pero necesaria y debe ser reconocida. Pero esta autoría grupal, sin individualizar el área de responsabilidad, ha sido un campo fértil para la complacencia en la asignación inapropiada de autores.

La más frecuente de estas autorías inapropiadas es la de “autor por gentileza” (o “autor por cortesía”), por la cual se hacen figurar como autores a personas que no han participado del trabajo o que sólo han aportado un dato, una sugerencia o algunos pacientes. Los objetivos de esta gentileza pueden ser una simple cortesía, el deseo de estimular a los integrantes del equipo de investigación o abonar las buenas relaciones dentro del trabajo. En este caso, con o sin intencionalidad, se impulsa la rueda de los autores por gentileza con un beneficioso feedback: quien crea haber recibido inmerecidamente esta gentileza puede sentirse obligado a devolver el gesto con la misma moneda. Ocasionalmente, la cortesía persigue un fin más oscuro cuando se agrega un nombre prestigioso con el solo objeto de dar lustre al trabajo o aumentar sus posibilidades de aceptación. Una forma extrema de este fraude se concreta cuando la “gentileza” se hace sin conocimiento del autor aviesamente agregado.6

También está el “autor por imposición”, producto de la obligación impuesta por algunos jefes de figurar en todos los trabajos de su equipo, práctica que aún hoy sigue vigente en muchos centros académicos de excelencia. El temor o la sumisión abonan el terreno para la consumación de esta forma de autoría. Otra variante de autoría inadecuada, aunque menos frecuente, es la del “autor fantasma” (o “autor olvidado”); se trata de quien ha colaborado activamente en un trabajo y no figura entre los autores.

A pesar de los esfuerzos de la mayoría de los editores para lograr que la figuración de los autores refleje su verdadera contribución, aún no se ha llegado a un acuerdo dentro de la comunidad científica, la cual en buena parte desconoce las recomendaciones fijadas por el Comité Internacional de Editores de Revistas Médicas a las que han adherido casi todas las publicaciones prestigiosas. Mientras continúa el debate sobre las formas para la asignación de autores, las guías más confiables parecen ser el sentido común y la honestidad científica.5,6

Sobre factor de impacto

No todos están de acuerdo en el sistema para calificar una publicación, pero el consenso parece apuntar a que si un trabajo es útil, interesante, original o partidor de aguas, seguramente los colegas lo citarán mucho. Así, aquellas revistas que tengan artículos que sean citados muchas veces por otros son consideradas de alguna manera “mejores”, y a esto se lo puntúa de distinta manera: la más famosa es el llamado “factor de impacto”, que relaciona la cantidad de citas que recibe una revista en un período con el número total de trabajos publicados en ese período.7-9 Claro que para este modo de puntuar hay críticas: que si hay campos de moda, o disciplinas que son más transversales que otras, o conocimientos de mayor nivel local que universal, etc. Si bien la competitividad “feroz” que afrontan los investigadores les obliga a publicar en revistas de alto impacto, debería quedar un cierto sentimiento de patriotismo que les haga publicar también en la revista de su país, ya que es con sus trabajos que las revistas aumentarían su índice de impacto.9

Plagio y criptomnesia

Reza un aforismo de William Osler: “Nunca esconda el trabajo de otro debajo de su nombre”,10 lo que se relaciona con la buena fe en las publicaciones u honestidad científica11. O sea, crear y no copiar o plagiar.12 Plagiar es copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias, y plagio es la acción o el efecto de plagiar.13 El plagio es uno de los delitos graves que pueden afectar a las publicaciones científicas. En lengua inglesa se lo clasifica como una “felonía”. Como concluye Humberto Reyes, si usáramos igual terminología, al plagiario lo calificaríamos como “felón”, porque su acto deshonesto afecta negativamente la confianza pública y la buena fe en que basamos desde hace siglos las relaciones entre científicos y médicos.14

Criptomnesia es memoria escondida. El término fue acuñado por el profesor de psicología Théodore Flournoy (1854-1921) y se usa para explicar el origen de experiencias que la gente cree que son originales de ellos mismos, pero que realmente están basadas en recuerdos de eventos que han olvidado. El plagio es deliberado, conocemos que no somos originales, la criptomnesia es una falla inadvertida, creemos ser originales. Los límites entre el plagio y la criptomnesia son borrosos, y menuda fuente de problemas.15

Con respecto a la honestidad científica existen ejemplos desde plagio (recientemente, la revista Research Policy se ha visto obligada a retirar de su hemeroteca un trabajo del año 1993 firmado por un profesor alemán, Hans Werner Gottinger. El estudio se parecía sospechosamente a otro del Journal of Business datado en 1980 y que firmaba un especialista de la Universidad de Indiana. Este caso de plagio ha puesto en evidencia las pocas herramientas con que cuentan las publicaciones científicas para detectar a los tramposos) hasta invención de datos (experimento del físico estadounidense Alan Sokal, quien mostró que ciertas revistas de ciencias sociales podían “publicar cualquier cosa” con tal de que ello estuviera respaldado en un lenguaje esotérico y tuviera una abundancia de citas eruditas, y así publicó Transgrediendo las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica en la revista Social Text. Él mismo explicó en un artículo posterior esta parodia).1 Y muestras de que el que quiere publicar, no importa qué, lo hace, como por ejemplo sobre el estado de ánimo y el perfil psicopatológico de los personajes de Winnie Pooh,16 y muy emparentado con este, los estudios sobre trastornos del sueño en las películas de Walt Disney17). Es decir, como en todas las cosas de la vida, el límite está puesto en la honestidad de cada individuo.

Calidad y no cantidad

La producción de literatura biomédica y científica crece, incesante. El número de revistas científicas fundadas entre 1750 (10 revistas) y 1950 (100 000 revistas) se multiplicó por alrededor de 10 veces cada 50 años, aunque no todas sobrevivieron. La producción de artículos es una industria, pocas veces individual, a veces de pequeñas y medianas empresas, otras de conglomerados multinacionales. La oferta de literatura crece y se multiplica la demanda de revistas para publicar la oferta. Producir artículos es una herramienta de supervivencia. La producción de artículos es una carrera sin fin, tal vez inevitable, favorecida por patrocinadores públicos o privados y hasta por el ego de los propios participantes. Pero los productores y participantes de la carrera pueden adquirir desórdenes y enfermedades profesionales: el prurito del escritor, cacoethes scribendi, el incontrolable deseo de escribir, de ser autor, capaz de causar los calambres del escritor o distonía focal de la mano. Para compensar la desmesura, algunos caen en el síndrome del bloqueo del escritor, el terror de la página en blanco, la incapacidad de escribir. Lo que importa, como dice Barcat en su artículo Literatura biomédica. Calidad, no cantidad,18 es el generar conocimiento y no solo el repetirlo. Esto es lo que nos interesa de la ciencia.

Conflicto de intereses

Los conflictos de intereses pueden presentarse en cualquier actividad profesional y, obviamente, la medicina –en donde adquieren connotaciones especiales– no está exenta de ellos.19 La palabra conflicto, proveniente del latín conflictus, indica lucha, antagonismo. Referida a la palabra interés, delimita a la lucha específica que se produce entre dos o más intereses. Referido esto específicamente al profesional médico, el concepto se estrecha a la situación en que dos o más intereses entran en lucha en la actuación del profesional médico. Siguiendo a Thompson, es posible señalar que se presenta un conflicto de intereses en el médico cuando un interés de tipo secundario, motivado por un grupo de condiciones, puede influir de manera indebida sobre su juicio profesional en relación con su interés primordial o primario.20

Pueden ser de tipo financiero –los más frecuentes– o de otro tipo, y variables en cuanto a su magnitud. Sin pretender agotar las innumerables posibilidades existentes, entre los intereses secundarios de tipo financiero están las relaciones con la industria, de preferencia la farmacéutica y de equipos médicos, pero no exclusivamente.

Revisten importancia porque pueden amenazar la confianza de los pacientes en sus médicos y en la profesión médica. Este es el núcleo del problema. Su resolución pasa final e inevitablemente por la virtud del médico, es decir su honestidad e integridad. Siempre deben estar informados en el paper.

En el ámbito de la relación médico paciente, y siguiendo el legado hipocrático, el deber primario del médico es moverse sólo en beneficio del paciente. El bien del paciente es la primordial ocupación del médico. El médico como profesional que es, y fiel a lo que en esencia esa palabra significa, tiene la obligación de estar siempre predispuesto al servicio del paciente, y no a servirse de él para su propio beneficio. Las Escuelas de Medicina deben velar por la formación moral de los futuros médicos.

Pablo Young

Servicio de Clínica Médica, Hospital Británico de Buenos Aires. CABA, Argentina.

Correspondencia: Pablo Young, Hospital Británico, (1280) Perdriel 74, CABA, Argentina | Tel (54-11) 4309-6400 Fax (54-11) 4304-3393 | pabloyoung2003@yahoo.com.ar

  1. Kreimer P. Sobre el nacimiento, el desarrollo y la demolición de los papers. En: Diego Golombek, Editores. Demoliendo papers: la trastienda de las publicaciones científicas. Buenos Aires, Argentina: Editorial Siglo veintiuno; 2º Ed; 2012. p. 7-22.

  2. Katchburian E. Publish or perish: a provocation. Sao Paulo Med J 2008; 126: 202-3.

  3. Jacard M, Herskovic V, Hernandez I, Reyes H. An analysis of authorship in articles published in Revista Medica de Chile. Rev Méd Chil 2002; 130: 1391-8.

  4. Borracci RA, Baldi J, Doval HC, Tajer CD. Publicar juntos o perecer. Incremento del número de autores por artículo en la Revista Argentina de Cardiología entre 1934 y 2009. Rev Argent Cardiol 2011; 79: 148-151.

  5. Reyes H. Actualización de los criterios de autoría en las publicaciones biomédicas. Rev Méd Chile 2002; 130: 1083-6.

  6. Sundblad AS. La autoria en las publicaciones médicas. Medicina (B Aires) 2004; 64: 377-9.

  7. Amin M, Mabe MA. Impact factors: use and abuse. Medicina (B Aires) 2003; 63: 347-54.

  8. Puche RC. El factor de impacto, sus variantes y su influencia en la promoción académica (Review). Medicina (B Aires) 2011; 71: 484-9.

  9. Pascualini CD. Priorizar la creatividad sobre el factor de impacto. Medicina (B Aires) 2003; 63: 358-60.

  10. Young P, Finn BC, Bruetman JE, Emery JDC, Buzzi A. William Osler: el hombre y sus descripciones. Rev Méd Chile 2012; 140: 1223-32.

  11. Reyes H. Honestidad y buena fe: dos pilares en la ética de las publicaciones biomédicas. Rev Méd Chile 2007; 135: 415-18.

  12. López RP. Crear o copiar…¿Cuál es la diferencia? Rev Méd Chile 2009; 137: 121-6.

  13. Barcat JA. Plagio. Medicina (B Aires) 2008; 68: 387-9.

  14. Reyes H. El plagio en publicaciones científicas. Rev Méd Chile 2009; 137: 7-9.

  15. Barcat JA. Criptomnesia. Medicina (B Aires) 2008; 68: 101-3.

  16. Shea SE, Gordon K, Hawkins A, Kawchuk J, Smith D. Pathology in the Hundred Acre Wood: a neurodevelopmental perspective on A.A. Milne. CMAJ 2000; 163: 1557-9.

  17. Iranzo A, Schenck CH, Fonte J. REM sleep behavior disorder and other sleep disturbances in Disney animated films. Sleep Med 2007; 8: 531-6.

  18. Barcat JA. Literatura biomédica. Calidad, no cantidad. Medicina (B Aires) 2010; 70: 393-4.

  19. Lama AT. El médico y los conflictos de intereses. Rev Méd Chile 2003; 131: 1463-8.

  20. Thompson DF. Understanding financial conflicts of interest. N Engl J Med 1993; 329: 573-6.

Autores

Pablo Young
Servicio de Clínica Médica, Hospital Británico de Buenos Aires. CABA, Argentina.

Autor correspondencia

Pablo Young
Servicio de Clínica Médica, Hospital Británico de Buenos Aires. CABA, Argentina.

Correo electrónico: pabloyoung2003@yahoo.com.ar

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Hospital Británico de Buenos Aires

Fecha de publicación
2013-12-31

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