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Editorial

Hipersensibilidad a las vacunas. Una percepción exagerada

César M Bózzola

ARCHIVOS DE ALERGIA E INMUNOLOGÍA CLÍNICA 2010;(1):0008-0009 


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Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica. Para solicitudes de reimpresión a Archivos de Alergia e Inmunología Clínica hacer click aquí.

Recibido | Aceptado | Publicado 2010-04-01

Junto a la provisión de agua potable y las buenas condiciones de nutrición, las vacunas contra las enfermedades infecciosas han cambiado el rumbo de la historia de la humanidad. Aunque existieron experiencias previas en otros lugares del mundo, fue Edward Jenner quien observó las ventajas de la inmunización activa y la aplicó por primera vez en forma sistemática. La viruela mataba gente, provocaba deformidades en la cara y era muy raro poder ver personas con un cutis perfecto. La mayoría estaba “picada” de viruela. Hoy la viruela ha sido erradicada del mundo. Luego llegaron otras vacunas que marcaron nuevas revoluciones epidemiológicas. Se dice que en la Primera Guerra Mundial el tétanos generó más bajas que las que provocaron las armas. En la década de 1950, Jonas Salk dio el primer gran paso en la lucha contra la poliomielitis, pero fue Albert Sabin quien desde 1957 encontró una forma más efectiva y económica de inmunización para lograr ganarle la batalla con el uso de la vía oral para su administración. Hoy sólo existen casos salvajes en América y se espera que en algunos años también sea erradicada. Muchos de nosotros no hemos visto un solo caso de difteria y muy pocos hemos tenido oportunidad de diagnosticar un sarampión. En cuanto a la meningitis por Haemophilus influenzae tipo B, la inmunización contra este germen ha sido tan exitosa que prácticamente ha desaparecido desde la incorporación de la vacuna conjugada al calendario oficial.

Los calendarios de vacunación implementados en los distintos países tienen impacto a nivel individual, protegiendo a cada persona de enfermedades infecciosas específicas. En la comunidad provoca un efecto “rebaño”, que permite que la población entera se beneficie por la vacunación de los niños al generarse mecanismos “buster” de refuerzos de inmunización. Dando un salto cualitativo mayor, la vacunación obligatoria tiene un efecto en la Salud Pública propiciando la mejor utilización de los recursos económicos al eliminar enfermedades infecciosas prevenibles como hepatitis B, influenza o rubéola, entre otras.

Sin embargo, las vacunas no están exentas de efectos adversos. Algunos de ellos muy frecuentes, leves, transitorios y relacionados con las respuestas clínicas provocadas por la estimulación normal del sistema inmunitario frente a la exposición a un antígeno específico. Así, la fiebre, el dolor, la induración local, tienen relación con estas respuestas y no deben ser causa de contraindicación de las inmunizaciones. Mucho menos frecuentes son las reacciones de hipersensibilidad a las vacunas.1 Estas reacciones pueden estar determinadas tanto por el componente activo de la vacuna como por los excipientes que se utilizan para mantener la actividad inmunológica o preservantes para evitar su contaminación.2

Aunque son poco frecuentes, cuando aparecen pueden ser de gran relevancia clínica y es posible que condicionen a los médicos la decisión sobre inmunizaciones futuras, poniendo en riesgo la compleción de los esquemas adecuados.3

Sabemos que por distintos motivos, como la falta de metodología diagnóstica adecuada, temor a enfrentar juicios de mala praxis, etc, existe una tendencia al sobrediagnóstico de hipersensibilidad a drogas. Por ejemplo, del total de pacientes que tienen algún antecedente sugestivo de alergia a un derivado penicilínico, sólo unos pocos realmente presentan esa condición.4 Algo similar sucede con los anestésicos locales,5 con los medios de contraste radiológico y aun con las vacunas, para nombrar los ejemplos más clásicos. Debido a ello es que resultaría de sumo interés conocer que porcentajes de todos los efectos adversos inducidos por las vacunas son debidos a un mecanismo de hipersensibilidad. Pero antes de esto, es indispensable conocer si el pediatra es capaz de reconocer las reacciones de hipersensibilidad provocadas por las inmunizaciones, a fin de dar valor a esa estadística. Si se tiene en cuenta que cada niño hasta los 6 años recibe al menos 21 principios activos en las vacunas y si las reacciones de hipersensibilidad fueran algo más o menos frecuente en la práctica pediátrica, el médico debería saber reconocerlas con rapidez y eficiencia.

Parisi et al.,6 a través del Comité de Pediatría de la AAAeIC, han realizado un estudio por encuesta a más de 300 pediatras distribuidos en todo el país. Los resultados indican que los pediatras no pueden reconocer adecuadamente las reacciones de hipersensibilidad inmediatas provocadas por vacunas y tienen problemas en identificar los compuestos responsables más frecuentes. Por ejemplo, casi el 40% de los encuestados relacionaron la aparición de un rash transitorio al quinto día luego de la vacunación de triple viral con la presencia de hipersensibilidad a dicha vacuna. El 35% reconoció evitar la inmunización con vacuna para el sarampión en pacientes con antecedentes de alergia al huevo, sin importar la gravedad de los síntomas y cuando esta indicación debiera ser una verdadera excepción.7
Como se mencionó previamente, un niño de 6 años ha recibido a lo largo de su vida veintiún veces algún componente activo, que en algunas ocasiones se repite hasta cinco veces en dicho período de tiempo. Esto, llevado a la población en general, indicaría que cada año se administran casi 100 millones de dosis de principios activos de las diferentes vacunas del calendario a niños de hasta 6 años. El 40% de los encuestados consideraron que la frecuencia de hipersensibilidad por vacunas es superior al 20%. Si esta percepción fuera cierta, tendríamos millones de reacciones de hipersensibilidad por año, se requeriría otras tantas consultas médicas especializadas y nos encontraríamos frente a un escenario de Salud Pública problemático.

Este trabajo demuestra, nuevamente, la necesidad de diseminar los conocimientos relacionados con la alergia y la inmunología de manera eficiente y amplia. El médico de atención primaria y los pediatras se encuentran frente a situaciones de decisión que muchas veces es subestimada desde nuestra especialidad. Tanto la rinitis como el asma o el eccema, que tienen gran prevalencia, han sido promocionados de una manera adecuada y con resultados acertados. El problema con la alergia a drogas es que su frecuencia real es baja, pero el uso de múltiples y variadas drogas en la práctica médica diaria es alto, la automedicación también lo es y la aparición de efectos colaterales mal interpretados como hipersensibilidad no son menos frecuentes. Esto trae aparejado que una entidad poco prevalente se transforme en relevante por la alta frecuencia de falsos diagnósticos, los que llevan a conductas erradas, las que finalmente tienen como consecuencias malos resultados terapéuticos, la reducción del arsenal de drogas disponible y el incremento de costos en salud de manera innecesaria. Recientemente, el Comité de Alergia a Drogas ha desarrollado un manual tendiente a tratar este tema y se espera que tenga un impacto positivo en la difusión, reconocimiento y solución de este problema a nivel de la sociedad médica en general.8

  1. Red Book 2006. Enfermedades Infecciosas en Pediatría. Comité de Enfermedades Infecciosas de la Academia Americana de Pediatría. Editores: Pickering, Baker, Long, MacMillan. 27ª Edición.

  2. Institute for vaccine safety. Allergens table. www.vaccinesafety.edu/components-Allergens.htm. Consultado en diciembre 2009.

  3. Kumagai T, Yamanaka T, Wataya Y, Umetsu A, Kawamura N, Ikeda K, et al. Gelatin-specific humoral and cellular immune responses in children with immediate- and nonimmediate-type reactions to live measles, mumps, rubella, and varicella vaccines. J Allergy Clin Immunol 1997;100:130-134.

  4. Ponvert C, Le Clainche L, de Blic J, et al. Allergy to β-lactam antibiotics in children. Pediatrics 1999;104:e45.

  5. Bózzola CM, Franciulli N, Varela MR, Alonso A. Las pruebas desencadenantes ultra-abreviadas (PDUA) en las reacciones adversas por lidocaína. Resúmenes 5º Congreso Internacional de Medicina Interna del Hospital de Clínicas. Buenos Aires, 21 al 24 de Agosto de 1994.

  6. Parisi C, Gervasoni ME, Máspero JF y cols. Estudio multicéntrico de evaluación del conocimiento de los pediatras acerca de reacciones alérgicas a vacunas para enfermedades infecciosas. Arch Alergia Inmunol Clin 2010;41(1):16-23.

  7. Khakoo GA, Lack G. Recommendation for using MMR vaccines in children allergic to eggs. BMJ 2000;320:929-932.

  8. Jares EJ (Editor). Manual de Alergia a Drogas. Comité de Alergia a Drogas. Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica. 2009.

Autores

César M Bózzola
Editor de AAIC.

Autor correspondencia

César M Bózzola
Editor de AAIC.

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Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica

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2010-04-01

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